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La legalización se regula. Del diccionario a la “neolengua”

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legalizeJ. Magalló/ Legalizar es permitir una actividad que estaba prohibida, es una decisión política, mientras que regular consiste en dotar a la sociedad de un marco jurídico, un conjunto de normas, que establezca cómo se organiza dicha práctica. Tanto para legalizar como para prohibir es necesario regular, fijar unos criterios.

La regulación no es una alternativa a la legalización ni un punto intermedio entre ésta y la prohibición. La regulación es una herramienta. Igual que una llave inglesa es útil para apretar y para aflojar tuercas con distintas intensidades, la regulación sirve para legalizar o prohibir de distintas maneras. Hay países donde aplican la pena de muerte por tráfico de drogas (China o Irán), en la mayoría se castiga con prisión  (el tiempo varía entre unos y otros), y en Holanda se tolera la venta de cannabis. 

Con la legalización sucede igual. La regulación prevista en Uruguay difiere de la de Colorado o la de Washington. Los modelos de regular la legalización de la producción y venta de marihuana que manejan organismos oficiales plantean abrir el mercado al particular (como en el caso del alcohol),  monopolizarlo a través del Estado (como el tabaco) o de las farmacéuticas (como la mayoría de drogas legales) o restringirlo a cooperativas sin ánimo de lucro. Esta última opción, igual que el autocultivo, es compatible con cualquiera de las otras tendencias. No las excluye en la medida que no tiene capacidad para abastecer una demanda tan amplia.

Otra herramienta es el lenguaje y según el uso que se le dé el resultado será uno u otro. El discurso prohibicionista, siguiendo técnicas publicitarias, maneja el lenguaje como un arma. La tendencia es asociar la palabra legalización con la idea de libertinaje. Esta forma de propaganda ha sido la que ha venido a llamarse coloquialmente neolengua, por el nombre que recibía en la obra de George Orwell, 1984.

De la legalización al libertinaje

Con aires de libertad, con ansía de liberarse de un corsé que ahoga, podía escucharse en España a finales de los 90 el tema de Ska-p Lega, lega, legalización, estando aún virgen su definición. No tardaron en mancillarla. A poco de entrar en el s. XXI, la administración le hurtaba sutilmente el significado mediante un artificio lingüístico. La palabra legalizar se refiere a dos tipos de realidad: se legalizan documentos (se les otorga estado legal) o personas y comportamientos (se les permite hacer lo que estaba prohibido).

El ardid consiste en usar la definición destinada a los documentos para aplicársela a los comportamientos y personas. Una forma de cosificación. Legalizar, argumentaba el discurso prohibicionista, es dar estado legal a una cosa. Como esta droga ya tiene estado legal, es ilegal, no se puede hablar de legalización, ya está legalizada, siendo ilegal. La cabriola semántica causa tanta confusión como el espectáculo de un prestidigitador, sólo que tras ver cómo aparece una paloma de la chistera el público se marcha consciente de que hay truco.

legalización o despenalización 1

Son legión (por cantidad y por carácter belicista), sin embargo, quienes ante el término legalización disparan sus consignas: legalización no, regulación; o despenalización no, regulación.

Segunda fase de la tergiversación

Desactivado el concepto legalización para la defensa de personas y comportamientos, se dan las condiciones para cargar la definición para su ofensa. La idea de libertad asociada a la reclamación de respeto por derechos fundamentales es reconducida hacia un concepto de liberalismo económico salvaje, después de pasar por la fase de confusión y a través de un nueva acrobacia con los significados. Automáticamente, a las personas que reivindican la legalización, el discurso prohibicionista les atribuye un afán de lucro desmedido y un velado interés por alimentar el capitalismo más cruel.

En el escenario de la farsa de la lucha contra las drogas (no en el diccionario) se ha omitido el significado de legalizar y se ha sustituido por otro. Y en el atril del mago, desaparece la paloma y se convierte en una flor. Queda de parte del público distinguir la realidad de la ficción, aunque es inconcebible hoy que se organicen grupos para promover modelos de relaciones sociales que vivan en función de la creencia de que las palomas se convierten en flores.

Sorprendentemente, sí sucede en el sector de la marihuana. Hay actores cannábicos representativos que pregonan la virtud de la ausencia del ánimo de lucro, negando esfuerzos y protagonismo a quienes reivindican que se permita algo que está prohibido, la venta de drogas ilegales, porque es peor el remedio que la enfermedad.

El lenguaje de George Orwell

En la neolengua del escalofriante Gran Hermano de Orwell estás argucias con el lenguaje tiene su propio significante: “Doblepensar. Saber y no saber, hallarse consciente de lo que es realmente verdad mientras se dicen mentiras cuidadosamente elaboradas”.

De manera más visual, el autor británico desarrolló el concepto también en otra de sus obras, Rebelión en la granja. En esta alegoría política en forma de fábula, los cerdos, que son los animales más inteligentes, se enfrentan al ser humano capitalista y toman el poder. El resto de animales lo asume. Los cerdos, tras meses de estudio, reducen “los principios del animalismo a siete mandamientos” que serían “grabados en la pared; formarían una ley inalterable que todos los animales de la granja deberían obedecer para siempre”.

“Los siete mandamientos que ha establecido la sociedad” se van transformando en beneficio y conveniencia de quienes ostentan el poder. Uno de los personajes, el cerdo Mínimus, componía canciones y poemas  para realzar la tergiversación de los mandamientos establecidos al inicio de la rebelión, hasta llegar finalmente al cambio de lema.

Del “todos los animales son iguales” al “todos los animales son iguales… pero, unos animales son más iguales que otros”. Del “ningún animal deberá beber alcohol” al “ningún animal deberá beber alcohol en exceso”. Del “todo animal que camina sobre dos patas es un enemigo”, del “ningún animal dormirá en una cama” a que los cerdos aprendan a caminar sobre sus patas traseras en secreto y duerman sobre camas.

Con estos cambios se abandonan progresivamente los principios originales, de manera que las desigualdades sociales contra las que se luchaba apenas se diferencian de la situación inicial del relato. El Estado totalitario, denuncia George Orwell en Literatura y totalitarismo, “trata, por todos los medios, de controlar los pensamientos y las emociones tan completamente como controla las acciones”.

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  4. Lo que hace la FAC con los términos legalizar y regular es de juzgado de guardia:

    El secretario de la federación declara que “La experiencia nos dice que en los países en los que se ha legalizado la venta de marihuana sin una regulación previa del cultivo, como es el caso de Holanda, el mercado termina en poder de las mafias”.

    La realidad es justo la contraria. Holanda reguló la venta de marihuana en la década de los setenta sin legalizarla. El mercado, como en todo el mundo, está en poder de las mafias porque está prohibida su venta.

    Pero a la FAC la mentira le sirve para evitar, como el PNSD, la cuestión de la legalización uruguaya y de estados estadounidenses. La FAC asume posturas y argumentos prohibicionistas. La página teinteresa.es usa los discursos de ambas organizaciones para confundir sobre la cuestión en el siguiente artículo:

    Delegado del Plan Nacional sobre Drogas: “Obama banaliza el consumo de marihuana y va en contra de sus propios estudios sobre esta sustancia”

    Pero el artículo de teinteresa.es aún va más allá, inspirado por el representante de la FAC deforma la irrealidad y establece una senda aberrante hacia una legalización ilusoria, primero se regula y después se legaliza, explica: “El camino sería por tanto implantar un modelo integral que regule el cultivo, la venta y el consumo, para después legalizar el producto. Uruguay y el estado de Colorado son los ejemplos más claros de este buen camino, por delante de Holanda, ya que han optado por regular”.

    De nuevo la realidad desmiente los hechos. Colorado legalizó a finales de 2012, durante 2013 elaboró los criterios para regular la legalización y desde el primer día de 2014 es posible comprar legalmente marihuana. En Uruguay, la legalización es más reciente, del 2013 y la regulación se está elaborando, no ha sido al revés.

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